El Artista "In"
Takashi Murakami, de 41 años, ha surgido como la figura central de la escuela Neo Pop en su país. Egresado de la Universidad Nacional de Bellas Artes de Tókio (donde el tema de su tesis doctoral fue "El sentido del significado sin sentido"), Autor de un manifiesto en el que proclama, que lo plano es bello y que lo excéntrico es lo verdaderamente nipón, también, se considera como el líder del movimiento "súper-plano" (super flat). La nueva corriente de arte contemporáneo japonés.
Durante su formación profesional, desarrolló varias técnicas como el nihon-ga (estilo de pintura del siglo XIX) y el otaku (estilo contemporáneo usado por la animación y el comic japoneses), mezclándolas así con su visión de ver la vida y el arte en su más pura forma.
Así mismo, su atracción hacia la cultura de masas fue enorme, y si Andy Warhol se dedicó a plasmar las imágenes de los iconos populares de su generación, Murakami fue mucho más allá creando y patentando uno, el extraño y popular personaje Sr. Dob (1993). Un animal con una sonrisa simplona cuyo nombre se deriva de una frase japonesa disparatada al estilo de Lewis Carroll: "Dobochite dobochite oshamanbe", que a grandes rasgos puede traducirse como: "Y ¿por qué?", gracias a éste amiguito ahora ídolo de las multitudes el genio es becado en 1994 por un importante centro de artes en Nueva York.
Un año después el artista regresa a Japón para fundar "Hiropon Factory" un lugar donde varios artistas, dígase fotógrafos, pintores, músicos, etc... Se reúnen para organizar su trabajo en un ambiente lleno de "verdadero arte". ¿No les recuerda esto al famoso lugar plateado, con paredes de aluminio que encerraba fiestas al por mayor, conciertos en vivo y constante actividad cultural en Nueva York? un lugar ubicado en east 47th Street llamado "The Factory", guarida de Andy Warhol, el popular artista que lograba transformar una lata de sopa Campbell en la sensación del momento.
"Son íconos", dice Murakami acerca de sus figuras y símbolos. "Cuando la gente pierde el ánimo y no tiene una religión a la cual recurrir, comienza a apoyarse en íconos, tal como hacen los japoneses de hoy. Se vuelven hacia el ratón Miguelito. Es algo natural".
Los personajes de Murakami han surgido directamente de historietas burdas, pero su apariencia extraterrestre y maliciosa les ha merecido ya un lugar destacado en el mundo del arte. Con varios ojos y dientes parecidos a colmillos, forman una espiral que recuerda los modelos de cromosomas para uso científico. En ocasiones, las partes del cuerpo se desparraman en colores revueltos, en una explosión de caos claustrofóbico.
Para algunos, Murakami simboliza la madurez del arte japonés moderno, que se inspira en la vida de las calles urbanas, en los dibujos estilizados de las películas animadas y en una subcultura conocida como "otaku", poblada por individuos obsesionados con las películas animadas, el comic y los videojuegos.
Murakami camina por esa precaria línea que existe entre ser un gran éxito de ventas y un artista que no hace concesiones. Una línea erizada de peligros para cualquier artista, como él es el primero en reconocer.
Ha exhibido su obra en Nueva York, Los Angeles, París y Londres. Actualmente trabaja en un proyecto en el Rockefeller Center de Nueva York: Una escultura de diez metros de altura, similar a un Buda, con una cabeza inflada, cara regordeta de tonto, un cuerno colorido y decenas de manos pequeñas.
"Sus imágenes tienen un poder muy intenso", dijo Kanae Kondo de la casa Christie's en Tokio. "Tienen un atractivo enorme en el mercado internacional".
Pero su colaboración con el fabricante de bolsas de lujo Louis Vuitton, que dio como resultado versiones de tonos pastel de las clásicas bolsas marrones, lo ha puesto de moda en las conversaciones locales.
"Atractivo, lleno de color, bonito", se expresa efusivamente sobre él la revista de modas japonesa Spur. "Takashi Murakami es ahora una sensación mundial".

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Lo llaman "el Warhol Japonés", y esa comparación le agrada a Murakami. Su escultura de una mesera en minifalda, de 1,9 metros de altura y moldeada en fibra de vidrio, se subastó recientemente en 567,500 dólares en la filial de la casa Christie's en Nueva York. Las bolsas marca Louis Vuitton que el artista ha adornado con diseños de una flor sonriente se venden muy bien, y varios de sus personajes -- similares a los que aparecen en muchos dibujos animados -- son mascotas en un nuevo centro comercial de Tokio que atrae multitudes similares a las de Disneylandia.
Con un frenesí hiperactivo al estilo japonés, Murakami plantea las mismas interrogantes perturbadoras que se formularon en torno a Warhol: ¿Dónde está el límite entre el arte y el comercialismo? Y si puede hallarse arte en las cosas más humildes que vemos a diario, ¿no podría considerarse que hay arte en todo? Murakami "reconoce con toda sinceridad que cualquier artista puede valerse realmente del mercado", dijo en entrevista telefónica Amada Cruz, directora del museo del Centro de Estudios de Curaduría de la Universidad Bard de Nueva York. "En Estados Unidos hay una brecha enorme entre el arte comercial y lo que se considera como arte auténtico. Y el trabajo de Murakami en realidad tiende un puente entre ambos".
Murakami nunca ha dejado de preguntarse qué es el arte, y está decidido a hacer arte en todas partes "de la misma forma en que crecen las flores silvestres".