Juan Aldama

 

Hermano de Ignacio Aldama, y como él natural y vecino de San Miguel el Grande (Guajanato).

Al comenzar la revolución de la Independencia de México era capitán en el regimiento de caballería de las milicias de la reina Isabel II y aunque residía en San Miguel el Grande, asistía a las juntas que los conjurados tenían en Querétaro.

Al descubrirse la conspiración, Aldama abandonó San Miguel para dirigirse a Dolores al encuentro de Miguel Hidalgo e Ignacio Allende con el propósito de informarles de lo que estaba sucediendo; así, al amanecer del día 16 de septiembre estaba dado el grito de insurrección.

Aldama permaneció junto a Allende durante toda la campaña hasta que fue hecho preso en Acatita de Baján junto a los demás caudillos de la revolución. Fue uno de los exceptuados por el indulto del virrey, que había puesto precio a su cabeza. Conducido a Chihuahua, fue juzgado y condenado a la pena capital, siendo fusilado el 26 de junio de 1811 en compañía de Allende, Mariano Jiménez y Manuel Santa María.

Sin embargo, no fueron sus muertes suficiente para el virreinato y su cabeza, así como la de los dos primeros que le acompañaron a la muerte y la del propio Hidalgo fueron conducidas a Guajanato y colocadas en jaulas de hierro en cada uno de los ángulos de la alhóndiga de Granaditas, de donde se retiraron en 1824 para enterrarlas junto a sus cuerpos bajo el altar de los Reyes en la catedral de México.