Los fencicios fueron una civilización semita originaria de la costa oriental del Mediterráneo, en lo que corresponde aproximadamente al actual Líbano.
Inicialmente, más que de un país, habría que hablar de varias ciudades-estado principales, con gobiernos independientes:Arados, Berytos, Biblos, Sidón y Tiro, todas estas ciudades localizadas en el actual Líbano. Los Fenicios enviaron barcos mercantes por todo el Mediterráneo para fundar colonias en sus orillas, desde Asia Menor hasta España, como Trípoli, Gadir, Sexi, Rusadir y Malaka. Sin embargo su colonia de mayor importancia fue Cartago, que se independizó tras la ocupación de Fenicia por parte de los asirios.
El pueblo fenicio constituye un poderoso lazo de unión entre las civilizaciones y más aún entre las formas artísticas del mundo antiguo, por la imitación, fusión y difusión de ellas, aunque no se le considere como original inventor de alguna. La cultura fenicia fue muy importante en su época, pero, sorprendentemente, han quedado pocas huellas de su historia. Conocemos su existencia, sobre todo, a través de los textos de otros pueblos que entraron en contacto con ellos, en particular los asirios, los babilonios y, más tarde, los griegos.Sus producciones tienen más de industriales que de artísticas y en sus esculturas, cerámica, joyas y metalistería se halla influencia egipcia y griega, llegando a veces a confundirse sus producciones con las de estas culturas.
Durante mucho tiempo fueron un pueblo muy desconocido. Citados únicamente por Homero en La Odisea y La Ilíada, por Plinio y por algunos pasajes de la Biblia. En el actual Líbano, una serie de tribus que hablaban lenguas semíticas se establecieron en pequeñas aldeas de pescadores en la costa. Los asentamientos fueron creciendo hasta convertirse en ciudades como Ugarit, Biblos y Sidón. La geografía resultaba demasiado accidentada para comunicarse fácilmente por tierra entre ellas. Cada una de ellas fue constituyéndose en un estado autónomo centrados en su éxito comercial. Un monarca al frente de cada ciudad defendía sus intereses frente a otros estados y potencias de la época (Egipto, Babilonia y Asiria). Los hábiles pactos con los vecinos, resultaron efectivos. Cuando las circunstancias lo requerían rendían tributos a las grandes potencias. La tolerancia a los extranjeros, autorizados a asentarse en la ciudad y montar negocios, resultó conveniente. Por su mediación se evitaron presiones excesivas de las grandes potencias.
Fundaron numeroso puertos (Arados, Trípoli, Yubayl-Biblos, Sidón, Tiro…), se orientaron deliberadamente hacia el mar, que, por medio de la navegación de cabotaje, les permitía establecer relaciones más fácilmente que la tierra. Suministraban madera a Egipto para sus barcos, aromas, aceites y resina, mantenían relaciones con los egeos, dueños del mar (cretenses y posteriormente micenios), que frecuentaban sus puertos. De este modo, cuando la invasión de los pueblos del mar (c.1200) los libró de los egipcios, conservaron su independencia bajo la tutela de Tiro, Su área de influencia se extendió progresivamente; por una parte, desempeñaron el papel de agentes e intermediarios entre occidente y oriente (controlando, por tierra, los puntos a donde iban a parar las caravanas del desierto y en donde adquirían las mercancías orientales), y, por otra, fundando alrededor del Mediterráneo, numerosas factorías y colonias comerciales. En las costas de Asia Menor (Panfilia y Licia) chocaron con los griegos, que los desbancaron de Rodas, de las Espóradas y de las Doradas. Buscaron entonces nuevos mercados en el Mediterráneo occidental: prudentemente, dejaron Tirrenia a los etruscos y a los griegos, y establecieron en Sicilia occidental, base propicia para el comercio con Africa. Al compás del desarrollo de los mercados comerciales, los artesanos prosperaban en las ciudades (monopolio de las lanas, cerámicas y objetos de lujo), abasteciendo a los barcos con telas, bordados, cueros, tinte púrpura, perfumes, etc.
Entraron en contacto con todos los países que habían adoptado la escritura, y se dieron cuenta que en todos los idiomas, se repetían una serie de sonidos que podían convertirse en signos identificables. Así redujeron los sonidos de todas las lenguas a sólo treinta signos, el alfabeto. Esta invención facilito en todas partes las operaciones comerciales, y por su extrema utilidad, se propago fácilmente. Con el tiempo, este alfabeto sirvió de base para todos los alfabetos occidentales.
Durante las guerras y las guerras desencadenadas por la revuelta de Jonia, la actividad de los mercaderes fenicios tropieza en todas partes con la competencia de la marina y de los productos griegos.
Su religión fue siempre primitiva y cruel. Como el comercio constituía el eje de toda la sociedad, representantes de las familias más adineradas formaban un influyente consejo que asistía al rey. Un funcionario civil con el título de gobernador incluso limitaba el poder real.
Llegaron a contar con cuantiosos recursos para constituir flotas, costear expediciones comerciales y formar sociedades aseguradoras que cubriesen los riesgos de la navegación comercial. Cualquier innovación técnica naval que facilitase una mayor carga de mercancías, más rapidez o protección frente al enemigo era aplicado inmediatamente a los navíos.
Además de productos suntuosos (joyería, artesanía fina, plata), los fenicios comerciaban con cereales, vinos, aceites etc. por medio del trueque. Adoptaron la moneda a partir del año 450 a. de C. Las obras artesanales fenicias tenían cierta falta de originalidad ya que imitaban estilos para infiltrarse en otros mercados. La púrpura era una mercancía exclusiva fenicia, muy apreciada en la Antigüedad, hecha con tejidos teñidos con el jugo del murex, un molusco de las costas del Líbano.
Los fenicios fueron pioneros en trazar rutas hacia el Mediterráneo occidental y, más allá de las columnas de Hércules, hacia las costas atlánticas de África y de Europa, abriendo a la historia la cuenca occidental del Mediterráneo. Se pueden reconocer dos tipos de sistemas de navegación en uso en aquella época: el primero, de pequeño cabotaje, se desarrollaba en el ámbito de la franja costera, con navegación a la vista de las costas y entre núcleos habitados próximos. El segundo, de largo recorrido, se enfrentaba con amplios trechos de mar abierto, lejos de las costas y se dirigía hacia lugares a menudo muy distantes del puerto de partida. Cuando el trayecto no permitía paradas a la navegación, la nave se orientaba por la constelación de la Osa Mayor, conocida en el mundo antiguo con el nombre de Estrella Fenicia. Si se observa un mapa del Mediterráneo, se puede constatar fácilmente que los trechos de mar en los que se tenía que navegar sin puntos de referencia en la costa, son muy raros en realidad. Pues, si se tiene presente que la velocidad de la flota comercial giraba en torno a los 2-3 nudos, se deduce que en un día se podían recorrer más de 50 millas marinas, que permitían llegar, salvo en algunas travesías de especial longitud, a la vista de las costas. Los trayectos más largos, que suponían navegar sin puntos de referencia en la costa, eran las travesías del canal de Cerdeña, desde las costas africanas a las de la isla, o la travesía del mar de las Baleares, desde las costas africanas a las islas Baleares
Para poder desarrollar sus actividades comerciales, los fenicios utilizaron barcos equipados que explotaban todos los recursos de los astilleros de la época y que no estaban muy distantes de los criterios constructivos actualmente en uso. Ante todo hay que recordar los barcos de transporte, llamados gauloipor por los antiguos autores, a causa de la redondez de su casco, que tenían una amplia capacidad de carga y poseían una anchura equivalente a la cuarta parte de la longitud. que estaba entre los veinte y los treinta metros y, por lo tanto, la anchura era de seis o siete metros; Aunque estas eran las medidas de la mayor parte de la flota en uso, no hay que excluir los barcos mercantiles de mayores dimensiones. La popa solia culminar con un friso de cola de pescado, así como la proa, también curvilínea, acababa en un friso zoomorfo representando la cabeza de un caballo. En el casco, a espaldas de la proa, estaban representados dos ojos, que, según la intención de cada caso, tenían que permitir al barco ver la ruta o causar terror a los enemigos. La propulsión de estos barcos estaba garantizada por la presencia del palo maestro que sostenía una vela rectangular, El gobierno del barco estaba asegurado por el timón, un remo con las palas asimétricas muy amplias, En el puente del barco, siempre hacia la parte de popa, surgía el castillo que ofrecía protección a la tripulación, que rara vez superaba los veinte hombres, incluyendo al capitán armador y al piloto, puesto que la navegación de vela no requería un número mayor de marineros. Esto en la flota comercial, pues la flota de guerra, debia poder albergar una tripulación más numerosa y disponer del mayor número posible de remeros, estos navíos eran mas delgados, y la proa constituía un arma ofensiva durante las batallas, en ella se colocaba el espolón, es decir, una punta de bronce que se utilizaba para destrozar los costados de los barcos adversarios. El orden de batalla y el enfrentamiento se efectuaba exclusivamente a fuerza de remos, para poder maniobrar el barco con mayor facilidad.
Tras la conquista de Alejandro Magno (332 a. de C.) se inició su decadencia que culminaría cuando Fenicia entró a formar parte del ámbito romano.