Japon

La historia japonesa ha estado condicionada por su relativo aislamiento geográfico, ya que la única extensión cercana de tierra es la península de Corea, que la conecta con el mundo chino. Hacia el sur y el este está rodeada por océanos, mientras que hacia el noroeste se extienden únicamente las bárbaras estepas de Siberia. Algunos siglos antes de la Era cristiana, la isla de Hokkaido y la parte septentrional de la de Honshu estaban habitadas por los ainos, que eran tribus barbaras. En 660 antes de Cristo, un príncipe indígena, llamado Jimmu-Tenno, comenzó la conquistan de la isla de Honshu, sometiendo a los ainos y fundando la dinastía que aún reina en la actualidad. Durante los siglos V y VI, el sistema caligráfico chino y el budismo fueron introducidos junto con otras costumbres chinas a través de la península coreana o directamente desde China. De los siglos IX a XII, tres familias influyentes, la de los Fujiwara, la de los Taira y la de los Minamoto, lucharon por el poder, En 1186, Yoritomo, último descendiente de los Minamoto, aplastó para siempre a los Taira y fundó la primera dinastía shogunal, con lo cual, sin destronar al mikado, lo redujo a la condición de monarca puramente nominal.

Durante el siglo XVI, mercaderes de Portugal, Holanda, Inglaterra y España llegaron a Japón y fundaron misiones cristianas. A comienzos del siglo XVII, el shogunato comenzó a sospechar de las misiones, considerándolas precursoras de una conquista militar por fuerzas europeas. Como medida de protección, Japón cerró toda relación con el mundo exterior a excepción de contactos restringidos con mercaderes chinos y holandeses en la ciudad de Nagasaki. Este aislamiento se prolongó por 251 años, hasta el año 1854, en que el comodoro estadounidense Matthew Perry forzó la apertura del Japón a Occidente bajo el Tratado de Kanagawa. En 1867 al subir al trono Mutsuhito, estalló la revolución de los daimios o señores contra el shogún, que vino a restituir el poder detentado por siete siglos por los shogunes a su legítimo dueño. Este fue el punto de partida de una verdadera transformación en el Imperio; y puso al japon en la vía del progreso, que en poco tiempo se modernizó completamente. En 1905 Japón resulta victorioso en la guerra ruso-japonesa, afianzándose así de manera definitiva como una potencia mundial y la única de Asia.

El Estado japonés es considerado una monarquía constitucional con un emperador y con un parlamento bicameral, el Kokkai, pero la mayoría de los japoneses se sienten incómodos ante el término monarquía y varios afirman que Japón es una república. El poder ejecutivo es responsable del Kokkai, consta de un gabinete compuesto de un Primer Ministro y ministros de estado, los que deben ser civiles. El Primer Ministro posee el poder de nombrar o deponer ministros. La soberanía, anteriormente poseída por el emperador, recae según la constitución en el pueblo japonés y el emperador es considerado un símbolo de estado.

El poder legislativo está compuesto por una mesa de representantes (Shūgi-in) de 480 escaños, electos por voto popular cada cuatro años, y una mesa de concejales (Sangi-in) de 247 escaños, cuyos miembros son electos por voto popular cada seis años. El voto es universal, voluntario y secreto para los ciudadanos con mayoría de edad.

Después de la caída del Imperio Han, el archipiélago japonés emprendió un camino propio, aunque bajo la influencia de los monjes budistas provenientes de China. Hacia el siglo VI d.C. comenzó la institución del Mikado, llamada también el Trono del Crisantemo, el largo linaje de emperadores japoneses que han gobernado por a lo menos unos quince siglos, y es la dinastía más antigua del planeta actualmente en el trono. El año 710, el Mikado abandonó su existencia seminómada a lo largo de todo el sur del Japón (la región conocida como Yamato), para instalarse como gobierno sedentario en Nara. La capital permanecería casi un siglo en dicha ciudad, siendo trasladada a Kioto el año 792.

Durante todo el período de Nara, y la primera parte del período de Kioto, la influencia china sobre la cultura japonesa fue muy marcada. Posteriormente, hacia los siglos IX y X, los japoneses desarrollaron una cultura con caracteres propios, llegando a la cúspide de su civilización.

Sin embargo, el militarismo de las regiones al norte del Yamato, en permanente guerra con los ainos del norte del archipiélago, desató una violenta guerra civil el año 1156. Siguieron una seguidilla de guerras que trajeron consigo gran inestabilidad, y en la que los generales (llamados shogunes) alcanzaron una gran relevancia. Finalmente, el año 1183 el general Minamoto Yorimoto tomó Kioto por la fuerza y amenazó al Mikado, por lo que éste le nombró shogún y le confirió plenos poderes. En la práctica, aunque el Mikado seguía en funciones, éste quedó reducido a un papel meramente decorativo, mientras que serían los shogunes quienes tomarían a su cargo el gobierno hasta el año 1867. A la muerte de Yorimoto, el Shogunato pasó a manos de su familia política, los Hojo, razón por la que a este período se le conoce más o menos indistintamente como Shogunato Minamoto o Shogunato Hojo. Después de una gran revuelta de tres años (entre 1333 y 1336), los Hojo fueron derrumbados, y el poder recayó en la familia Ashikaga. Los shogunes Ashikaga garantizaron cierta paz contemporizando con los daimios, la turbulenta nobleza feudal japonesa que había conseguido semiindependizarse del poder central aprovechando el caos, y habían tomado a su cargo diversos ejércitos compuestos por tropas cada vez más disciplinadas y militarizadas, los samurai. El verdadero poderío de los samurai había quedado en evidencia cuando Kublai Khan había intentado en 1292 una masiva invasión contra Japón, siendo duramente derrotado por el eficiente arte militar de sus enemigos. Entre la clase militar japonesa prosperaría grandemente una nueva variante de filosofía budista alejada de los cánones mahayánicos tradicionales: el budismo Zen.

La alianza entre los Ashikaga y los daimios trajo algo de paz a Japón, hasta que en 1470 este equilibrio político se rompió, y estalló una nueva seguidilla de guerras civiles. Los Ashikaga consiguieron mantenerse algo más de un siglo en el poder, pero finalmente el último miembro de la familia fue derrocado en 1588. A finales del siglo XVI, una serie de caudillos militares (Oda Nobunaga, Toyotomi Hideyoshi y Tokugawa Ieyasu) emprendieron una salvaje oleada de guerras que en algo menos de un cuarto de siglo unificaron la totalidad del archipiélago japonés bajo la égida de la familia Tokugawa. El Shogunato Tokugawa gobernaría Japón en paz entre 1603 y 1867, gracias a la implacable opresión a la que Tokuwaga Ieyasu y sus sucesores sometieron a los rebeldes daimyos.

En la época final del período Ashikaga, los europeos llegaron por primera vez a Japón, tratando de introducir el cristianismo, y buscando fundar factorías comerciales. Tras una tibia primera reacción, Ieyasu consideró que la nueva religión era atentatoria contra las prácticas ancestrales de los japoneses, y desató una dura persecución que tuvo como hito simbólico la crucifixión de veintiseis mártires en Nagasaki (1596). Un capitán español había comentado a uno de los Daimyos que los españoles conseguían dominar el mundo mandando monjes a las tierra para conquistar, y donde más tarde con la ayuda interna de los creyentes católicos, llegarían a dominar las tierras con pocos soldados españoles.

Barco japonés (1634).En años posteriores los Tokugawa expulsaron a todos los comerciantes occidentales de Japón, salvo a los holandeses, a quienes les permitieron permanecer en la isla de Deshima, cerca de Tokyo, en condiciones de casi total aislamiento.

En general el período Tokugawa fue de gran tranquilidad. Sin embargo, la cultura japonesa se había esterilizado profundamente. Los japoneses experimentaron un proceso de "retorno a las raíces", expresado en el renacimiento de los cultos ancestrales, hasta conformar la religión semiestatal que recibe el nombre de sintoísmo. Sin embargo, esta idílica paz se rompió el año 1853, cuando el capitán estadounidense Matthew Perry ingresó en la Bahía de Tokio con cuatro cañoneras, y amenazando con bombardear los puertos japoneses, forzó a los shogunes Tokugawa a ignominiosas concesiones comerciales. Ante la disyuntiva de occidentalizarse o perecer hubo intensas discusiones, pero finalmente el Mikado, sometido desde hacía siete siglos al poder de los shogunes, tomó las riendas del problema. En 1867 el Mikado Meiji Tenno tomó a su cargo el gobierno, deponiendo al último shogún Tokugawa, e impulsando las reformas de la Era Meiji, en las que Japón se transformó en un estado occidentalizado en pocas décadas.

En 1914, al estallar la Primera Guerra Mundial, el Japón se puso decididamente al lado de su aliada Inglaterra; pero no tomó parte activa, se limitó a la vigilancia en sus mares y a ocupar algunas posesiones alemanas del Extremo Oriente, que le fueron cedidas al concluir dicha guerra. Desde septiembre de 1931 hasta mayo de 1932 estuvo en lucha con China, cuyo territorio invadió sin previa declaración de guerra. El 7 de diciembre de 1941, durante la Segunda guerra Mundial, el Japón, que había firmado con Alemania e Italia el Pacto Tripartito, atacó por sorpresa la base naval norteamericana de Pearl Harbour, y ocupó luego Filipinas y otras islas de Oceanía; pero rehechos los aliados emprendieron la contraofensiva y fueron destruyendo la fuerza aeronaval nipona hasta que la metrópoli se vio a merced de los aviones de bombardeo norteamericanos y el 14 de agosto de 1945, recientes las explosiones de las bombas atómicas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, el emperador Hiro-Hito ofreció a sus enemigos la rendición incondicional de su país, y el día 2 del siguiente mes se firmó la misma a bordo del acorazado estadounidense Missouri, anclado en al rada de Tokio, y el Japón fue ocupado por los ejércitos aliados. Seis años duró la ocupación, hasta septiembre de 1951, fecha en que se firmo el Tratado de paz entre las Naciones Unidas y el Japón.

La occidentalización de Japón aumentó la necesidad del país de obtener materias primas. Además, el nacionalismo japonés se había incrementado en torno a la figura del Mikado. Durante la Primera guerra mundial Japón ingresó del lado de la Triple Entente, y ocupó militarmente las islas de Oceanía que pertenecían a Alemania, quedándoselas definitivamente después de los tratados de paz. Estas islas se convirtieron en la base de lo que los japoneses querían convertir en un gran imperio oceánico. Para esto invadieron Manchuria en 1933 y China en 1937. Esta expansión militarista chocaba frontalmente con los intereses de Estados Unidos, por lo que las relaciones entre ambos países se enfriaron. El año 1941 los japoneses atacaron el puerto estadounidense de Pearl Harbor, lo que los llevó a una guerra que terminaron por perder, luego de que las ciudades de Hiroshima y Nagasaki fueran arrasadas por sendas bombas atómicas. Japón capituló, y el Mikado se vio obligado a renunciar a sus pretensiones de divinidad. El año 1947 se dio una constitución de corte más bien liberal, aunque conservando al Mikado como símbolo de la unidad nacional japonesa. La paz fue firmada oficialmente el año 1951, y ese año terminó la ocupación militar estadounidense en Japón. El país inició entonces un enorme esfuerzo modernizador en el área económica, que lo llevó a transformarse en un país tecnologicamente avanzado, y a convertirse en una de las mayores potencias económicas del planeta.